El abecé de la buena tipografía

Un opúsculo de la impresión de Jan Tschichold para legos y avezados.

Tu mamá D:

De pura casualidad, buscando libros para la tésis, me encontré con este pequeño libro de Jan Tschichold otra vez. Verán, es un libro al que le tengo mucho cariño, así que dije, “¿Por qué fregados no?” y lo tomé prestado. No es como que lo necesito en estos momentos y tampoco es como que es realmente relevante a mi proyecto, simplemente lo tomé, mientras todavía tengo la oportunidad. Será mi último semestre con esta copia en específico.

Así, mientras todos van a ver los vistosos catálogos con montones de empaques preciosos, yo saco puro aburrido libro de texto y ensayos. Llámenme loca, llámenme único y especial copo de nieve. A mí me gustan y el mundo se pudre.

Todavía recuerdo cuando nos encargaron, para la clase de Tipografía Avanzada, tomar un libro de diseño y rediseñarlo. Yo escogí este porque se me hizo interesante y tenía viñetas para ilustrar, cosa importante ya que el maestro exigía que, en vez de diseñar nuevas imágenes, utilizáramos las que ya venía con los libros originales. Al principio no entendía mucho, pero fui aprendiendo a agarrarle el saborcillo, y parte de mi tiempo en el proyecto se me fue analizando el texto que tenía que copiar, palabra por palabra, en InDesign. Además, tenía algo de temático. El proyecto era diseñar un libro modernista, de manera que rediseñar un libro de Tschichold era absolutamente aceptable, correcto y natural. Tenía sentido.

Madre Santa, cómo sufrí con el proyecto. Hubo momentos en que simplemente me deshacía del trabajo y comenzaba de nuevo. Era también una buena razón para no presentar uno de esos días. Honestamente, trabajar con ese tipo fue una pesadilla. Para muchos lo fue. Una vez, entregué dos bocetos, en vez de los tres que había solicitado. Me regañó enfrente de todos, preguntándome si me creía mejor que los demás y que por eso tenía derecho a entregar menos bocetos. No supe responder a eso. Otra vez, me preguntó qué significaba “lego” y “avezado”. No supe tampoco responder a eso. Me dijo que, si no comprendía el significado de una palabra, que no la pusiera en el proyecto. Nada más terminó la clase, corrí a mi computadora a investigar qué significaban esas palabras. A la clase siguiente, regresaba con las palabras “legos” y “avezados” en mi proyecto. Sólo que ésta vez ya las comprendía.

La clase fue un infierno… Aún así, creo que no le caía mal a él. No lloraba con las críticas y no le daba argumentos demasiado tontos. Tenía mis momentos embarazosos pero no sé por qué, las críticas siempre resultaban menos horribles de lo que imaginaba que serían al principio de cada clase. Me reconfortaba saber que no estaba tan mal, pero también me preocupaba que por esa razón mi proyecto no fuera a ser remotamente bueno. Hay quien me dice que no era tan horrible conmigo porque era una de sus favoritos. Me parece embarazoso, pero la verdad no encuentro otra justificación, simplemente le caía bien. A pesar de que, si eras hombre, el 99% de las veces sería un poco más amable contigo. Eso sí, si los alumnos de la clase anterior lo habían hecho enojar, para nuestra clase, las críticas más terribles de lo usual estaban garantizadas, independientemente de tu género. Más valía hacerlo bien desde antes. Varios huyeron de la clase muchas semanas antes de que el semestre terminara.

Para el proyecto, escogí Helvetica Neue. Nunca recibí quejas de esa fuente, así que me negué a cambiarla. Así estaba bien. La copia que tenía en mis manos no tenía nada de modernista, usando la fuente Janson Text y una sola columna.

Al final estuvo bien. Revisó mi trabajo y no tenía ninguna queja. Dijo que si mi versión del libro fuera real, le encantaría que lo vieran a él en un café, leyéndola. Creo que fue la única crítica impecable ese día. La única crítica de esa naturaleza que habría de escuchar de él en mi vida. No podía creer mis oídos.

Así que gracias Jan Tschichold, por darme una de las críticas más positivas en toda mi carrera. Me siento un poco menos mediocre que ayer, aunque ese profesor estuviera medio loco. Ahora, si pudiera encontrar tu mugroso libro en alguna librería online para comprarlo y quedármelo, sería maravilloso. No me decepciones.

Acerca de Karmi

24 años. Fue a Japón a comprar Pockys y la fama no fue suficiente.

Publicado el septiembre 15, 2011 en Diseño, LIFE y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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